Resumen: Ese “pensar con el corazón” —mit dem Herzen denken— de que hablaba el poeta alemán Rainer Maria Rilke es lo que ha caracterizado la vida de Manuel Amorós. Y quien piensa con el corazón, dice también el poeta, está “en discreta e inmediata relación con Dios” —unauffällig und unmittelbar mit Gott in Beziehung—. Toda la vida de Manuel Amorós tuvo esas dos referencias constantes: los otros y Dios. Cultivó cuidadosamente, delicadamente, la amistad. La visita o la llamada cuando un tiempo excesivo se había interpuesto desde la última conversación, el puntual regalo navideño —un libro escogido siempre con especial cuidado—, la asistencia infalible a los actos de los que amigo pudiera ser protagonista, la compañía en los acontecimientos felices o tristes de la vida. Y como buen teórico, disfrutó con la teoría de la amistad. Con qué fruición paladeaba los tres ingredientes que Laín le atribuye: benevolencia, beneficencia y confidencia. Los tres ingredientes formaban parte de esa amistad que Manuel tan generosamente regalaba: quería bien, hacía el bien y mantenía una proximidad siempre propicia a la palabra oportuna y cálida... |