Resumen: Un famoso cronista gallego tituló uno de los tomos de sus memorias “O libro dos exemplos”, para referirse, bajo esa rúbrica, a aquellas personas cuyo conocimiento y trato a lo largo de su vida le habían resultado especialmente enriquecedores. Si yo tuviera que escribir mi libro de los ejemplos estaría obligado a reservar un lugar preeminente para Pablo Fuenteseca, a quien encontré y reencontré en momentos decisivos de mi carrera académica y cuyas excepcionales cualidades docentes, investigadoras y de maestro universitario integral, contrariando a su apellido, se convirtieron para mí en permanente e inagotable manantial de enseñanzas. Creo que son estos encuentros personales los que explican que se me haya encargado esta necrológica porque, como es obvio, hay otros Académicos que podrían hacerla con mayor autoridad que yo. Por esa misma razón voy a recordar a nuestro compañero Fuenteseca a través de esos repetidos encuentros. El primer encuentro se remonta al año 1952 cuando yo inicié la carrera de Derecho en la Universidad compostelana, siendo yo alumno de primer curso y Pablo Fuenteseca Profesor Adjunto de la Cátedra de Derecho romano, cuyo titular era Álvaro D’Ors. Mi elección de la carrera de Derecho se produjo más bien por exclusión. En mis antecedentes familiares no figuraba ningún jurista y a lo largo de los siete años del Bachillerato entonces vigente no había ninguna disciplina que se refiriese al Derecho. De modo que cuando concluí el Bachillerato el mundo del Derecho era para mí absolutamente desconocido...
Comentarios: Este artículo forma parte de la obra “Estudios 2010” de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Publicado en 2011 con el ISBN 978-84-9982-041-5.