Resumen: A lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, hay una idea
central y recurrente en los escritos socio-políticos de José Ortega y
Gasset: la necesidad de emprender de manera urgente una gran reforma en todos los órdenes de la vida nacional y la realidad cultural española.
Aunque este deseo de modernizar a España y de acercarla a la
cultura europea se había manifestado también en la generación precedente a la de Ortega, la del ’98, es decir la de los ilustres regeneracionistas: como Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado o en el ámbito jurídico, Joaquín Costa, la verdad es que ninguno de ellos llegó a comprender del todo la vehemencia con la que el joven Ortega exponía sus argumentos en esa materia. Este desencuentro generacional entre los intelectuales de comienzos del siglo XX llegaría a ser particularmente intenso con Unamuno, a quien Ortega dirige sus críticas en dos artículos publicados en El Imparcial los días 11 y 26 de noviembre de 1908: respectivamente, “Glosas a un discurso” y “Nuevas glosas”. De ambos artículos, y de una de sus primeras conferencias dictada en 1909 en el Ateneo de Madrid, se desprende un mismo reproche: tan sólo once años después de la pérdida de las últimas colonias de ultramar, denuncia Ortega, se habían incumplido los dos objetivos principales de aquella generación: la “regeneración” y la “europeización” de España. |