Resumen: Un fenómeno reciente, al menos en cuanto a su “explosión” en la práctica financiera, es el de la reestructuración de la deuda de las familias, por medio del agrupamiento del conjunto del endeudamiento bancario, que da lugar a una nueva financiación, por lo general con plazos más largos, lo que supone una menor cuota periódica, normalmente mensual, aunque un mayor plazo de amortización y, en general, con mayores costes financieros considerados en su importe total. Es un fenómeno tan rápidamente extendido, que parece haber pillado un poco por sorpresa tanto a las entidades de crédito, especialmente los establecimientos financieros de crédito, en cuanto al puro crédito al consumo (ventas a plazos, créditos a corto plazo para pago de servicios y otros endeudamientos similares), pero también a las entidades de depósito en cuanto a su negocio de créditos hipotecarios, que ven cómo les ha surgido una competencia nueva frente a la que no estaban preparadas, como a las autoridades, que observan cómo un gran sector del crédito a las familias, en definitiva crédito al consumo, queda fuera de toda (o casi toda) regulación y, aunque sobre esto volveremos más adelante, de su supervisión. |