Resumen: Parece ser que las perspectivas sobre las relaciones entre etnia, inmigración y delincuencia juvenil están cambiando drásticamente en los Países Bajos. En las décadas de 1970 y 1980, se solía considerar inadecuado proponer la cuestión de las relaciones entre delito y etnia. Sin embargo, las actitudes populares comenzaron a cambiar a finales de la década de 1990, lo que provocó una intensa discusión
acerca de la materia en debates tanto de carácter científico como social (por ejemplo, Scheffer, 2000). En este tipo de debates, pueden discernirse cuatro hipótesis sobre las relaciones entre la etnia, la inmigración y el desarrollo de la delincuencia juvenil, con un énfasis cada vez mayor en la cultura como factor determinante:
(a) la delincuencia juvenil no está relacionada con la etnia ni con la
inmigración (la hipótesis de la negación); (b) existe una relación entre etnia, migración y delincuencia juvenil, ya que esencialmente funcionan los mismos factores criminógenos para los holandeses1 y los extranjeros, aunque se den con más frecuencia respecto a los inmigrantes (por ejemplo, un nivel socioeconómico bajo); (c) la propia migración invoca a factores determinantes adicionales (por ejemplo, la ruptura familiar, una menor vinculación con las instituciones, un mayor estrés debido al reasentamiento o traumas en los refugiados); y (d) además de los factores mencionados en los apartados (b) y (c), para determinados grupos étnicos funcionan otros factores específicos de su entorno cultural (como la venganza por insultos a la familia, la hostilidad, o la falta de respeto a las mujeres en relación con los delitos sexuales). Por desgracia, el debate tiende a polarizarse en la hipótesis (a) frente a la hipótesis (d), y en muy escasas ocasiones suele estar fundamentado en pruebas científicas relativas a estas hipótesis. |