Resumen: Más allá de su frecuente aplicación al terreno del control de la delincuencia1, muchas de las denominadas hermandades, en tanto que fenómeno ampliamente presente en la evolución del medievo castellano-leonés, vinieron a suponer una destacada manifestación de formas de contrato político comparables a la práctica de las confederaciones y de los pactos de alianza política. Todas ellas representaron fórmulas que tradicionalmente se han asociado al destacado papel jugado por concejos y linajes nobiliarios en el juego político de la época, siendo común conectarse preferentemente la hermandad a la iniciativa concejil y la confederación y el pacto de alianza al acuerdo entre miembros, principalmente, de la más alta nobleza. Bien por el contrario, no ha sido demasiado habitual la puesta en relación de este tipo de instrumentos asociativos con el activismo político de la Iglesia. A partir de esta constatación inicial, el objetivo de esta intervención se dirigirá a tratar de identificar la presencia de un asociacionismo eclesiástico en forma de fraternidades o hermandades, inicialmente planteadas bajo un perfil exclusivamente religioso, hasta comprobar, primero, la adquisición por tal práctica de un cierto perfil político, valorando el significado que éste pudo tener, hasta comprobar seguidamente su desaparición, lo que ha contribuido a la escasa atención que se ha dedicado al fenómeno que, no obstante, exigirá de apuntar algunas hipótesis que expliquen su rápida periclitación, tras lo que, de hecho, fue una tempranísima entrada en escena. Este planteamiento exigirá tomar en consideración tres niveles de análisis a partir de una perspectiva de evolución cronológica a lo largo del periodo considerado: primero, de las fraternidades religiosas a los pleitos homenajes de apoyo mutuo; segundo, las hermandades eclesiásticas de significación política; tercero, el agotamiento de las hermandades eclesiásticas de significación política. |