Resumen: Cuando los tratados de psicología jurídica hablan de los niños como testigos, siguen un discurso pautado ( King y Trowell, 1992; Ceci y Bruck, 1993; Lamb, Sternberg y Esplin, 1994; Bruck y Ceci, 1995; Lindsay, Ross, Lea y Carr, 1995; Warren y McGough, 1996; Kapardis, 1997; Bull 1998; Milne y Bull, 1999, Monimer y Shepherd, 1999; Garrido, Masip y Herrero, 2006). En este modelo pautado
se afirma que los niños, hasta finales de los años sesenta y comienzo de los 70, eran considerados como testigos de segunda categoría o testigos inhábiles. El cambio se produce a finales de los años 60. Algunos lo atribuyen a los movimientos feministas (Bull, 1998; Sachsenmaier y Watson, 1998) y otros lo atribuyen a un mayor estudio del testimonio de los niños debido, especialmente, a la conciencia que toma la sociedad de la frecuencia con la que los menores son sometidos a abusos sexuales. |