Resumen: Ni que decir tiene que todo deporte lleva implícito un grado de violencia
derivado de su propia estructura, concurrencia o simple desarrollo.
El espíritu ganador de sus participantes, las tensiones dimanadas de su desarrollo y, más recientemente, factores externos, de índole, por ejemplo, económico –verbigracia, obtención de primas, contratos publicitarios–, social –supremacía entre sociedades–, etc., elevan hasta grados inusuales la presión a la que, en no pocas ocasiones, se ven expuestos los profesionales de las distintas ramas deportivas, las cuales pueden derivar en un aumento De la tensión y consecuente agresividad en el correcto desarrollo del juego y el respeto del reglamento que lo ampara. Es aquí donde se produce uno de los encuentros entre deporte y derecho: en la violación de las normas que rigen el correcto devenir del espectáculo deportivo. |