Resumen: Creo que no tendré dificultad en obtener vuestro beneplácito para, antes de comenzar mi disertación, autoconcederme unos breves minutos que me permitan satisfacer mi necesidad de agradecimiento tanto como mi voluntad de saludaros. Es evidente que tengo que dar las gracias a los tres grandes protagonistas impulsores de este evento. En primer lugar al Departamento de Pedagogía de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada quién, una vez más, ha tenido a bien volver a contar con este profesor para colaborar en estas Jornadas tan sugerentes como retadoras: si bien es verdad que estoy pensando en la Institución Superior no es menos cierto que mi mente y mi corazón se centran en la figura y persona que bien la representa, D. Jesús García Mínguez, coordinador e impulsor, como ya es frecuente en él, de propuestas atrevidas que nos obligan a todos a pensar, y a responder con la misma profundidad que confianza pone en los que convoca para analizar y debatir sobre ellas. Debiera no perdonarle por el tiempo que me demanda para tratar de “cumplir mis deberes” con un mínimo de dignidad profesional pero lo cierto es que, después de llevar a cabo la tarea, no puedo menos que estar en deuda con él por haberme obligado a imperativos que satisfacen mi curiosidad intelectual y mis ansias investigadoras. El tema que ha elegido para estas “Conversaciones Pedagógicas” era tan arduo como necesario: y él, Jesús, ha tenido el olfato preciso para adelantarse a lo que es inevitable que venga con el tiempo, dada la dinámica social que se va configurando, como es el tema de las relaciones intergeneracionales observadas desde la perspectiva pedagógica. |