Resumen: Cuando en 1454 Enrique IV heredaba el trono castellano, había dejado atrás una gran experiencia en lo que concierne a la participación y liderazgo de grupos políticos. Efectivamente, siendo príncipe había sido cabecilla de grupos rebeldes a la autoridad de su propio padre, Juan II, sirviéndose de algunos nobles que, tras subir al trono, seguirían siendo protagonistas de su turbulento reinado; tal es el caso de Juan Pacheco, marqués de Villena. Una vez en el trono, la voluntad de Enrique IV de reforzar el poder regio pasaba por la pacificación y el acatamiento de la nobleza, que, pese a que según las fuentes de la época se mostraba expectante ante los cambios positivos que podían augurar un nuevo reinado, no estaba muy dispuesta a renunciar a su capacidad y autoridad para participar en el gobierno del reino. Si bien Juan Pacheco siguió siendo en los inicios del reinado de Enrique IV un punto de contacto entre los proyectos regios y los nobiliarios, otros hombres llegarían a eclipsar aunque no definitivamente al que había sido considerado como el principal favorito del monarca o su privado, y ocuparían el papel protagonista de los acontecimientos políticos y, por lo tanto, también de los diferentes pactos y acuerdos que durante este convulso periodo se llevaron a cabo para poner remedio a la división de la nobleza. Estos pactos y acuerdos a los que nos referimos pueden ser considerados auténticos «contratos políticos» en los que una parte de la grandeza acordaba, expresamente o no, el apoyo al proyecto de gobierno de Enrique IV, o bien en los que la parte contraria concertaba su oposición y su preferencia por otro gobernante más acorde con sus aspiraciones (el infante Alfonso y posteriormente Isabel). Esta situación determinó, sin lugar a dudas, un reordenamiento de la alta nobleza, que tuvo que aprovechar las diversas circunstancias políticas para situarse en uno u otro bando, en no pocas ocasiones el que apoyaba o encabezaba el privado de turno o el que se enfrentaba a éste. Precisamente el privado tendrá un papel muy particular en lo relativo a la configuración de los distintos grupos de poder y el concierto de los mencionados «contratos políticos», siendo no pocas veces el vínculo que ponga en contacto u oponga las aspiraciones regias con las de la nobleza. |