Resumen: En el título que da nombre a nuestro trabajo, ASOCIACIONES UNIVERSITARIAS
DE PERSONAS MAYORES, encontramos dos términos que, en principio, suenan
contradictorios: universitarias y personas mayores; y un tercero que, si ya por sí sólo
tiende a ser malinterpretado, unido a los dos anteriores hace que, en su conjunto, dicho título
resulte, si cabe, más complejo de comprender a primera vista. Estamos hablando de
la palabra asociación.
No por casualidad, ni por caprichoso orden cronológico dentro de la frase que lo contiene,
comenzaremos por este último. Por asociación entendemos la facultad que tiene todo
individuo de aunar sus fuerzas con las de sus semejantes para la consecución de un fin común.
Asociaciones han existido desde épocas muy anteriores a la nuestra, siendo una característica
común de las sociedades civilizadas que siguieron evolucionando hasta llegar a
nuestros días. Así encontramos los collegia romanos, las guildas germánicas, los gremios
españoles, que son buenos ejemplos de asociaciones para la defensa de pequeños colectivos
frente a otros e incluso frente al estado. Históricamente el asociacionismo ha sido visto
de formas muy diversas, pasando por épocas de total permisividad y llegando a otras bastante
“crudas” en este sentido. De este modo, en 1791 la ley Le Chapelier suprimió los gremios
franceses y, posteriormente, en España fueron reducidos los existentes a unos cuantos cientos por el Código penal de 1848 en el que se prohibían las denominadas sociedades secretas
y se exigía, en todas aquéllas que pasasen de veinte personas, la autorización pública
y el cumplimiento de los requisitos establecidos por el gobierno. |